Día de Cumbre en el Aconcagua: Así fue Llegar a los 6961 m

Foto en la cumbre del Aconcagua.

Llegar a la cumbre del Aconcagua el 25 de diciembre de 2025 fue la experiencia física y mental más exigente que he vivido. No solo por la altura, el frío o las horas caminando, sino por la lucha constante contra el cansancio, la falta de aire y las decisiones que hay que tomar cuando el cuerpo y la mente empiezan a fallar.

Este texto es el relato de un día largo y demandante, de cómo se vive realmente el día de cumbre, de lo que pasa por la cabeza cuando cada paso cuesta y de lo fácil que es equivocarse cuando ya no estás funcionando al cien por ciento (si quieres leer el relato completo de la expedición, junto con información de la logística, costos y preparación, puedes leer el relato completo de mi expedición al Aconcagua aquí, o la información sobre el equipo necesario).

Así fue el día en el que logré pararme a 6961 metros, en el punto más alto de América:

El día empezó a las 4:30 am con condiciones perfectas: frío, sí, pero sin viento y completamente despejado. Desayuné y me preparé, y a las 5:50 am estaba saliendo de Nido de Cóndores. Casi inmediatamente me dio calor y me quité una de las chaquetas que tenía, quedando solo con la camiseta térmica y la chaqueta de plumas que había alquilado (y así estuve el resto del día).

Me demoré más o menos una hora y diez minutos en llegar a Cólera, el tercer campamento de altura. Descansé unos diez minutos y seguí, por momentos revisando el mapa en mi celular para asegurarme de estar en el camino correcto. Un rato después, cerca de Independencia (un refugio abandonado), empecé a encontrarme con otras personas y ya solo tuve que seguir el trayecto de las pisadas en la nieve. Para ese momento ya estaba sintiendo por completo el peso de la altura y la falta de aire; sentía que caminaba en cámara lenta y hacía mi mejor esfuerzo por controlar la respiración. Cada paso comenzaba a costar, y cada pensamiento se hacía más lento, pero mi motivación seguía fuerte.

Personas caminando en camino a la cumbre del Aconcagua.
Zona de la Travesía en camino a la cumbre del Aconcagua.

Después de caminar unas horas más, avanzando apenas uno o dos kilómetros, logré pasar la Travesía, una sección que recorre el borde de la montaña por un sendero angosto, con la cima del Aconcagua a la izquierda y, a la derecha, una vista panorámica desde la que incluso se ven los demás campamentos, cientos de metros más abajo. Aquí se gana elevación lentamente y se camina con cuidado, consciente de que un paso en falso podría hacerte rodar hasta la base de la montaña.

Tras completar la Travesía se llega a La Cueva, el último punto de descanso con protección antes de la cima. Es una zona resguardada del viento por la montaña, donde casi todos se detienen a recuperar el aliento. También es un punto de corte: muchos montañistas llegan hasta aquí y deciden devolverse, porque saben que lo que viene es lo más retador. Tuve contacto con unas tres personas que llegaron hasta este punto, escucharon a su cuerpo y, ya fuera por el frío, las condiciones de la montaña o el cansancio, decidieron dar media vuelta y regresar.

Para mi fortuna, el día seguía espectacular, prácticamente sin viento y completamente despejado. Yo me seguía sintiendo fuerte y motivado, aunque cada vez más consciente del peso de la altura: como si cargara una piedra sobre los hombros que, con cada paso, se hacía más pesada, volviéndome más lento y amenazando con aplastarme si mi fuerza dejaba de ser suficiente.

Foto en del paisaje cerca a la cumbre del Aconcagua.

Desde la Cueva comenzó el tramo final y también el más duro del día: una subida empinada para ganar los últimos 300 metros de elevación antes de la cumbre. Aquí hay que ganarse cada paso con esfuerzo y resistencia mental. Se siente por completo el peso de la montaña, cuesta respirar, cuesta caminar, cuesta descansar, cuesta pensar, y comienzas a preguntarte qué pasará si de repente el cuerpo te dice que no puede más. Pero logré seguir, metro a metro, paso a paso, hasta que por fin, a la 1:30 pm, pisé la anhelada cumbre.

Justo antes de llegar a la cima me encontré con tres personas de una expedición con la que había compartido mucho en los días anteriores. Nos felicitamos y me dieron ese último empujón, la fuerza final que necesitaba para seguir avanzando.

Arriba solo había otra persona: El Suizo, un auténtico monstruo de la montaña que había conocido en el campamento base. Ya había hecho cumbre dos días antes y ahora lo estaba intentando de nuevo, esta vez directamente desde Plaza de Mulas. Cuando lo vi acercarse, a unos cien metros de la cumbre, mi espíritu competitivo se activó e intenté caminar lo más rápido posible para llegar antes que él, pero no lo logré (pensé: ojalá algún día tenga ese nivel).

Nos abrazamos, celebramos el momento y luego él comenzó el descenso, dejándome completamente solo en la cima.

Foto en la cima del Aconcagua.
Selfie en la cima del Aconcagua.

En ese momento mi cuerpo y mi mente todavía estaban procesando lo que acababa de lograr. Comencé a grabar un pequeño video para mi familia, pero después de unos segundos todo el peso de lo que había pasado, el esfuerzo y el cansancio me cayeron de golpe y comencé a llorar descontroladamente. Estaba feliz y cansado, quizás más feliz y más cansado de lo que jamás había estado. Así estuve un par de minutos; luego me tomé unas fotos, descansé y comencé la bajada.

En el camino me encontré con otras personas con las que había tenido la fortuna de compartir en los días anteriores, y ahora era mi turno de darles fuerzas, de abrazarlos, de decirles que ya no faltaba mucho, que todo valdría la pena, que solo unos pasos más, un esfuerzo adicional, y llegarían a la cumbre.

Seguí bajando, caminando rápido pero con cuidado, con temor a que mi cuerpo se pudiera rendir y me dejara en problemas, pero no pasó.

En un momento se me desconectó el crampón del pie izquierdo, justo antes de cruzar la zona de la Travesía. Estaba cansado y sentarse a ponérselo se sentía difícil, así que decidí intentar caminar sin el crampón. Fue un grave error.

No había avanzado ni cinco metros cuando me resbalé, rodé un par de metros por la montaña y logré detenerme con los bastones. En ese instante me di cuenta del peligro que estaba corriendo, de la estupidez que estaba haciendo y de que mi mente ya no estaba funcionando del todo como debería.

Miré hacia abajo. Desde ese punto se alcanzaban a ver los demás campamentos. Entendí que un error ahí, un paso en falso, podía hacerte rodar más de 2.000 metros entre nieve y piedra, sin nada que te detuviera.

Respiré, me calmé, me puse el crampón con mucho cuidado y seguí caminando, todavía con más atención. Entendí que no solo el cuerpo podía rendirse; la mente también podía ponerte en problemas, graves problemas. Dicen que lo importante no es llegar a la cima, sino tener la fuerza suficiente para poder volver. Ahí lo entendí. Ahí lo viví.

A pesar de todo, ese día descubrí la fuerza de mi cuerpo y el poder de mi mente, pero también aprendí a reconocer sus límites y a trabajar en sus debilidades.

Llegué al campamento a las 4:35 pm. Unos guías que estaban allí me regalaron agua para llenar mis termos; me tomé un litro y, sin comer nada, entré a mi carpa, donde estuve hasta la mañana del día siguiente, solo abriendo la entrada para botar la orina de la noche.

La expedición continuó por unos días más y realmente terminó cuando ya estaba de regreso en Mendoza, donde fui con algunos de los amigos que hice en la montaña a comer carne, a hablar y a reírnos de lo que acabábamos de lograr. A pesar de estar solo y sin guía, las personas que conocí en la montaña me hicieron sentir acompañado, como si estuviera rodeado de amigos, de hermanos que compartíamos el mismo objetivo. Nunca me sentí solo.

Amigos montañistas almorzando en Mendoza.

Llegar a la cumbre fue importante, pero no fue lo más difícil. Lo verdaderamente exigente fue mantenerse lúcido cuando el cuerpo ya no respondía, reconocer los propios límites y tener la claridad suficiente para volver. Ese día entendí que la montaña no se conquista: apenas te deja pasar, si estás en condiciones de regresar.

Anterior
Anterior

Ascenso al Aconcagua (6961 m) sin Guía y en Solitario: Experiencia y Guía Completa

Siguiente
Siguiente

Trekking al Annapurna Base Camp (ABC): Experiencia Completa y Consejos