Itinerario de un Día Perfecto en Bali: Del Azul Profundo al Verde Infinito

Cultivos de arroz tradicionales con volcanes al fondo en Bali.

Bali, la isla de los dioses, es el destino mochilero por excelencia: un lugar donde conviven templos milenarios, playas tropicales, volcanes, selva y una atmósfera constante de relajación, fiesta y aventura. Tuve la oportunidad de visitarla por primera vez en 2019 y me fascinó tanto que supe que tenía que volver. Por eso, en mayo de 2025 decidí regresar, esta vez con la intención de perderme un poco más, explorar a mi propio ritmo y bucear todo lo posible. Aquí les cuento cómo fue el mejor día que tuve en la isla.

MI EXPERIENCIA RECORRIENDO BALI DURANTE UN DÍA

Desperté en el pueblo de Pemuteran, al noreste de Bali, ya cerca de Java, donde están algunos de los mejores puntos de buceo de la isla. El día anterior había buceado tres veces en la isla de Menjangan, y una de esas inmersiones fue de las mejores de mi vida: un arrecife en pared, lleno de vida, con el azul profundo cayendo a un lado, haciendo drift dive con una corriente perfecta, casi sin tener que hacer esfuerzo. El sol entraba desde arriba creando sombras y figuras en el agua. En un momento apareció una tortuga sobre nosotros, recortada contra la luz, y más abajo una barracuda gigante se acercó desde las profundidades, como si viniera a saludar. Fue mágico.

Costa de Bali con volcán al fondo.

Ahora sí, volviendo al día perfecto.

Desperté sin afán y pasé la mañana desayunando en la terraza de la cabaña que tenía para mí. Por lo general siempre me quedo en hostales, pero aquí conseguí un cuarto privado con baño y desayuno a un precio increíble. Me tomé el café con calma y salí en la moto que había alquilado.

Ofrenda budista en Bali.

Mi destino era el templo Ulun Danu Beratan, uno de los más icónicos de Bali, ubicado a orillas del lago Beratan, en las tierras altas de Bedugul.

El camino, de unas dos horas, fue parte esencial del día. La carretera se abría paso entre paisajes tropicales con palmeras y arrozales, y a medida que ascendía hacia los lagos el clima cambiaba. Vi macacos de Bali al borde de la vía observando a los que pasábamos, mientras una lluvia ligera comenzaba a caer, de esas que refrescan sin arruinar el trayecto.

Paisaje de Bali.
Mono en Bali con lago al fondo.

Al llegar al templo, la lluvia ya caía con fuerza, pero eso no desanimaba a la gran cantidad de turistas que lo recorrían. Aun así, entre la neblina, el lago y las pagodas emergiendo del agua, el lugar tenía un ambiente profundamente místico. La lluvia, lejos de arruinar la visita, hacía que todo se sintiera más vivo, más auténtico, más Bali.

Templo en Bali junto a lago.
Techo de templo en Bali.

Después de un rato salí, almorcé un Nasi Goreng en un restaurante cercano y seguí mi camino de regreso, completamente empapado.

Cerca del templo también están unas de las famosas “puertas de Bali”, espectaculares, pero bastante llenas de turistas. No me dejaron acercarme mucho sin tener que pagar, así que decidí seguir de largo.

Puertas de Bali.

En el camino de regreso entré por una carretera diferente y terminé en unos arrozales espectaculares, con dos volcanes detrás que creaban una vista de otro planeta. Me bajé de la moto y caminé un rato entre los cultivos, por momentos con los pies sumergidos en lodo, pero disfrutando cada instante, con esa vista imponente y clásica de Bali, alejada del turismo masivo que acababa de experimentar en el templo.

Cultivo de arroz tradicional con volcán al fondo en Bali.

Los arrozales en Bali no son solo paisaje, son historia viva. Durante siglos las comunidades han moldeado la montaña con terrazas que siguen la forma natural del terreno, guiando el agua a través del sistema tradicional subak, una red de irrigación comunitaria que no solo distribuye el agua, sino que organiza la vida social y espiritual de los pueblos. Viéndolos de cerca se entiende que no es el hombre intentando dominar la naturaleza, sino negociando con ella, adaptándose a sus curvas, a sus pendientes y a sus tiempos.

Cultivo de arroz en Bali.

Todo estaba verde, húmedo, brillante. Las palmeras se mezclaban con los cultivos, pequeñas chozas de madera aparecían entre las terrazas y el reflejo del cielo gris en los espejos de agua le daba al lugar un aire casi irreal. No había nadie más, solo silencio, viento suave y el sonido lejano del agua corriendo entre los canales. Por un momento sentí que estaba viendo el Bali de antes, el que existía mucho antes de los beach clubs, del tráfico y de los cafés de moda.

Terrazas de arroz en Bali.

Me sentí como si estuviera volviendo en el tiempo, a una época más tranquila, más conectada con el entorno, menos apresurada y menos destructiva. Todo parecía moverse a otro ritmo: el crecimiento del arroz, el paso del agua entre los canales, el trabajo silencioso de quienes han cultivado estas montañas durante generaciones. Son estos los momentos y lugares que más disfruto al viajar, los más crudos, los que no solo resaltan por su belleza sino por su autenticidad, por esa sensación difícil de explicar de estar presenciando algo que ha permanecido intacto frente al paso del tiempo.

Cultivo de arroz en Bali.

Estos arrozales están cerca del pueblo de Munduk, donde también hay varias cascadas que se pueden visitar.

Y así, sin prisa, seguí mi camino de regreso a Pemuteran, a buscar comida callejera y a prepararme para volver a bucear al día siguiente.

CÓMO MOVERSE EN BALI (TRANSPORTE EN BALI)

Una de las mejores formas de explorar Bali es alquilando una moto. La isla tiene carreteras escénicas que atraviesan arrozales, montañas y pequeños pueblos, lo que permite descubrir lugares que muchas veces quedan fuera de las rutas turísticas más comunes.

El alquiler de una moto suele costar entre 5 y 8 USD por día, dependiendo del modelo y del tiempo de alquiler. Es importante conducir con precaución, ya que el tráfico puede ser caótico en zonas turísticas.

Otra opción es usar taxis o aplicaciones de transporte como Grab o Gojek, muy populares en la isla. Para trayectos largos también es común contratar un conductor privado por día, lo que permite visitar varios lugares sin preocuparse por el tráfico o la navegación.

EL TEMPLO ULUN DANU BERATAN

El Ulun Danu Beratan Temple es uno de los templos más icónicos de Bali. Se encuentra a orillas del Lake Beratan, en la región montañosa de Bedugul, a unos 1.200 metros de altitud.

Construido en el siglo XVII, el templo está dedicado a Dewi Danu, la diosa del agua, los lagos y la fertilidad, una figura fundamental para las comunidades agrícolas de la isla.

Su imagen más famosa es la de las pagodas escalonadas que parecen emerger del lago, creando uno de los paisajes más fotografiados de Bali.

LOS ARROZALES DE BALI Y EL SISTEMA SUBAK

Los arrozales en Bali no son solo un paisaje espectacular: forman parte de un sistema agrícola tradicional llamado Subak irrigation system, que existe desde hace siglos.

El subak es una red comunitaria de irrigación que distribuye el agua desde las montañas hacia los campos de arroz mediante canales y terrazas que siguen la forma natural del terreno. Este sistema no solo regula el cultivo del arroz, sino también la vida social y espiritual de las comunidades agrícolas.

Por su importancia cultural y ecológica, el sistema subak fue reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2012.

MEJOR MOMENTO PARA VISITAR BALI

El mejor momento para visitar Bali suele ser durante la temporada seca, entre mayo y octubre, cuando las lluvias son menos frecuentes y el clima es ideal para explorar la isla.

Durante estos meses las condiciones también suelen ser buenas para actividades como el buceo, el surf y el trekking en volcanes.

Entre noviembre y abril es la temporada de lluvias. Sin embargo, las precipitaciones suelen ser intensas pero breves, y muchas veces los paisajes se ven aún más verdes y exuberantes.

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